Convergen en un punto que coincide exactamente
con el epicentro de su convergencia. esto
es decir nada. esto es admitir que siempre
ocurre nada. el atractor
se sitúa allí donde ocurre el encuentro.
antes de que ocurra, el atractor no existe. un detalle,
una tontería. hacer visible
el proceso
para que el resulado sea ¿inteligible? interrogar,
excavar. imaginar. construir
puentes con lo aprendido. todo es una
vía hacia el (lo) otro, todo esconde
un punto de fuga. no caerse de,
sino caer hacia. no caer sino volar.
-Eugenio Tiselli
El tradicional proceso de plasmar sentimientos en papel e invocar bellas imágenes por medio del lenguaje ha logrado ser dominado por la Inteligencia Artificial gracias a softwares que permiten a las computadoras a escribir poesía.
Tradicionalmente para los poetas, el proceso creativo se basaba una disciplina rigurosa donde se dedicaban grandes cantidades de tiempo escribiendo. Autores como Jorge Luis Borges y Leonard Cohen, entre otros, podían pasar horas escribiendo y reescribiendo en busca de la palabra adecuada.
Hoy, los medios tradicionales como el lápiz y el papel persisten. Sin embargo, existen nuevas formas de escribir y hacer poesía que involucran el uso de la tecnología e incluso puede llegar a ser ésta el objeto creador.
Gracias a la Inteligencia Artificial (IA) (hyperlink nota), las computadoras han logrado desarrollar habilidades humanas tales como jugar ajedrez, detectar enfermedades y conducir autos. Por medio de la aplicación de algoritmos, la IA ha encontrado la forma de resolver y automatizar problemas a una velocidad que un humano es incapaz de manejar.
Por lo tanto, aunque puede resultar alarmante o amenazante para unos trabajos, estos procesos son vistos con mayor aceptación en las áreas que involucran la aplicación de complicadas fórmulas matemáticas debido a su naturaleza técnica (QUIÉN).
Sin embargo, la IA también ha comenzado a experimentar en el irregular y esporádico terreno de las artes. Y es que sus avances van más allá de utilizar ciertos recursos tecnológicos para crear arte en físico si no que tratan sobre las máquinas siendo las creadoras de ese arte.
Ya existen casos de computadoras que hacen jazz y de otras que, tras estudiar su obra, han sido capaces de pintar un Rembrandt. En esas situaciones, la IA va más allá de las calculaciones y las posibilidades, y profundiza en habilidades que requieren de algo más humano: la creatividad.
Tal fenómeno se puede ver en el caso de la poesía digital, o ciberpoesía.
“La ciberpoesía es la rama de la ciberliteratura en la que predomina la función estética del lenguaje. Técnicamente se caracteriza por el empleo de diferentes recursos tecnológicos, desde el simple hipertexto, la animación bi- o tridimensional, hasta las más avanzadas interfaces de realidad virtual.” (Ariel, 2011)
Pero, ¿cómo han logrado las máquinas tener un talento que requiere, si no de sentimientos, de creatividad y cierto sentido de la estética? De acuerdo con Claudio Ariel en su libro Nociones de Cibercultura, existen diferentes maneras de hacer ciberpoesía:
- Poesía hipertextual: aquella que emplea la suma de textos y enlaces para formar una obra poética.
- No-poesía visual: género que emplea signos gráficos – letras, números y signos- para crear una imagen sin importar su capacidad significativa verbal.
- Poesía visual: la palabra tiene una función únicamente estética, se trabaja para formar imágenes con ella.
- Poesía animada: obra poética donde las palabras se mueven con ayuda, o no, del lector.
- Holopoesía o Poesía holográfica: texto desarrollado por medio de la técnica holográfica.
- Poesía generada por computadora (PAC): textos que se crean automáticamente por medio de un programa, con mayor o menor interacción del usuario.
- El Drama del Lavaplatos por Eugenio Tiselli
- Poesía virtual: textos tridimensionales, interactivos, navegables por medio de interfaz de realidad virtual.
Todas estas propuestas pretenden utilizar semillas, o pequeños versos, para después modificarlos y componerlos en otro sentido. El uso de un software y cierto conocimiento sobre programación también es necesario para estas metodologías que desafían los paradigmas de la poesía tradicional.
Por ello, parece ser que la ciberpoesía se acerca más al arte visual y a la creación colectiva con propósitos creativos que a la literatura como tal.
Los inicios de la ciberpoesía, como muchos movimientos comenzados e impulsados por Internet, son difusos. Los textos sobre historia de la literatura electrónica no llevan a un punto inicial si no a muchos. Por lo tanto, se puede decir que la ciberpoesía tiene su comienzo en distintos puntos del globo y su historia está compuesta por una comunidad amplia de artistas y programadores.
“Si bien la literatura electrónica tiene desarrollos internacionales desde los años cincuenta y sesenta, es en realidad desde los ochenta en adelante, sobre todo desde los noventa, cuando su crecimiento se hace sostenido, debido a la propia diseminación de las tecnologías digitales en la vida cotidiana. La apertura de Internet comercial en la década del noventa tiene mucho que ver con ese crecimiento” -Claudia Kozak, docente universitaria y coordinadora del grupo Ludión (Exploratorio Latinoamericano de Poéticas/Políticas Tecnológicas).
Como muchos procesos creativos, Kozak comparte que la ciberpoesía comenzó como un juego. De una de esas bromas nace el método Flarf a principios del nuevo milenio en Estados Unidos (EEUU). Dicha técnica busca palabras del lenguaje masivo y colectivo de internet, en páginas de culto y coloquiales para crear una obra poética que se consideraba “fea” de manera intencional.
De ser un juego que buscaba hacer las peores obras posibles, con el paso del tiempo comenzó a agarrar terreno en la escena poética estadounidense. La práctica consistía en encontrar en Google los peores resultados para experimentar con ellos y forzar clichés, onomatopeyas y generar “figuras literarias” al azar (Valencia, 2013)
Uno de sus fundadores, Silem Ohammad, lo llamó una especie de poesía “buscada” -en vez de “encontrada”- debido a que los artistas estaban involucrados en el constante proceso de recolectar y procesar textos.
Por su parte, el cofundador del grupo, Gary Sullivan, describió al movimiento como “una especie de espanto corrosivo, cursi o empalagoso. Mal. Políticamente incorrecto. Fuera de control. ‘Not okay’”.
El reordenamiento de palabras en sus obras demuestra que incluso ese lenguaje considerado como desagradable puede unirse y fluir en algo considerado como arte. Finalmente, su objetivo fue aprovechar la naturaleza de libertad de internet y explorar nuevas posibilidades de hacer literatura. Un ejemplo de ello es el fragmento del poema “Unicorn Believers Don’t Declare Fatwas”, hecho por Nada Gordon:
Aunque parezca extraño, existe
un “Anillo Unicornio de placer”.
Estudios revelan que Hitler se robó
la famosa svástica de un unicornio
que salía de un arco iris.
Nazi a unicornio: “No vas a salir
conmigo vestido con ese atuendo
ridículo”. Por fin le puedes decir a tu hija
que los unicornios son reales. Uno le arrancó la cabeza
a una estatua de cera de Hitler, reportó la policía.
El 22 de abril es un bonito día. De verdad me gusta.
Desde entonces, la poesía cibernética ha continuado expandiéndose en diferentes ramas y ha reclutado a diversos “antipoetas”. El fenómeno ha llegado a tal punto que en 2017 se publicó un libro escrito por una máquina. También existen congresos de e-poetry llevados a cabo en Nueva York, Buenos Aires y Barcelona, entre otras ciudades.
De acuerdo con Kozak, en América Latina predomina más la poesía digital animada, interactiva o no, que el hipertexto de ficción. También la poesía sonora asociada tanto a cierta música electrónica como a recursos audiovisuales digitales. Eso se suele vincular con la importancia de la poesía concreta en la región.
Latioamérica es casa de muchos poetas que experimentan con técnicas digitales como Eugenio Tisselli, Julian Herbert y Belén Gache, entre otros. Para entender un poco la perspectiva y forma de trabajo de quien escribe ciberpoesía, entrevistamos a Belén Gache, escritora y poeta argentino-española.
Con la poesía conceptual, experimental, la literatura no lineal y la edición expandida como los ejes de su trabajo creativo, Belén se ha convertido en una figura importante dentro de la corriente literaria.
Para ella, su pasaje de la máquina de escribir al ordenador tuvo lugar en 1990. Fue entonces cuando comenzó su primera novela utilizando su propio televisor como monitor y con la ayuda del programa Textcraft empezó a componer poesía electrónica.
“Estaba fascinada con las nuevas posibilidades del dispositivo. Me daba cuenta de que todo un universo se abría para las tecnologías de la escritura (hipertextos, interactividad, “verbivocovisualidad”, etcétera). Yo era plenamente consciente de los cambios que se avecinaban a nivel escritura, lectura, comunicación”, expresó.
Gache también comparte que sus Wordtoys -una antología de sus obras realizadas de 1996 a 2006- se enmarcan en una tradición lúdica desarrollada tanto por las vanguardias como por las neo-vanguardias y parten de estrategias como el hincapié en la materialidad de los signos, la interactividad, las combinatorias de textos, el azar y el uso de instrucciones.
Contrario a lo que se puede llegar a pensar, no se necesita ser un experto en programación para hacer poesía digital. En el caso de Belén, ella cuenta con conocimientos básicos del área pero suele consultar las posibilidades de cada obra con programadores. A fin y al cabo, opina, el lenguaje y el código no son muy diferentes entre sí: el lenguaje es código.
“Experimentaciones con el lenguaje (es decir, con el código del lenguaje) se han venido realizando en el campo literario, especialmente en el campo de la poesía, desde siempre, pero muy especialmente, desde las vanguardias históricas de comienzos del siglo XX y también las de mitad del siglo, movimientos que yo reconozco como influencia directa en mis obras.”
Hoy, gracias al cambio tecnológico, dichas experimentaciones pueden llegar a búsquedas y extremos antes impensados. Debido a la influencia de las TIC en la vida diaria, puede ser difícil hablar de escritura sin hacer mención a éstas.
De acuerdo con la escritora, todo ha cambiado en estas últimas décadas: el control sobre los textos, el espacio escriturario, la relación con la memoria, la posibilidad de hiperlinkear documentos, de copia, de sharing, etc.
Finalmente, cada dispositivo causa cambios en el lenguaje. Ya lo señalaba Friedrich Nietzsche a fines del siglo XIX: él decía que “nuestros instrumentos de escritura trabajan también sobre nuestra manera de pensar”.
Otras consideraciones muy importantes al respecto son las de otro teórico alemán, Friedrich Kittler quien, en la década de 1980, señala cómo las tecnologías son mucho más que una infraestructura de la cultura.
“Las tecnologías nunca son neutras, sino que juegan un rol fundamental a la hora de determinar los regímenes discursivos de una sociedad, a la hora de pautar las posibilidades de decibilidad e indecibilidad y de consolidad nuestro campo epistemológico.”
En conclusión, se puede ver que las tecnologías no solo cambian la forma de vivir de las personas si no que también cambian su forma de expresarse y trabajar a través del lenguaje. En este caso, sii el Internet es un reflejo de lo que se vive en la realidad, entonces la ciberpoesía puede ser la poesía que hay del otro lado de la pantalla.
Es importante aclarar que aunque las TIC han cambiado la manera de trabajar con el lenguaje, hay quienes aún escriben en forma física: con pluma y papel. Por otro lado, en el caso de la poesía digital, el uso de las tecnologías es imprescindible.
Los puristas del lenguaje pueden llegar a decir que lo que se hace en estos casos no tiene tanto mérito o no es considerado como literatura. No obstante, los softwares algorítmicos utilizados por quien hace ciberpoesía fueron escritos por un humanos y utilizan teorías y reglas lingüísticas hechas por humanos también. Por lo tanto, el arte hecho por computadora es arte humano.
Finalmente, la máquina es el lápiz pero es el humano quien lo sostiene.