En la actualidad los niños pasan gran parte de su día conectados a Internet a través de computadoras, consolas de videojuegos y dispositivos móviles. ¿Qué efectos tienen estas actividades digitales en su desarrollo y a qué peligros potenciales los expone?
No podemos negar que Internet ha cambiado radicalmente la forma en la que hacemos muchas de las actividades en nuestro día a día – cómo nos comunicamos, cómo consumimos información y entretenimiento, cómo compramos, entre muchas otras. En la vida de los adultos, Internet es la solución a muchos de nuestros problemas; pero ¿cómo ha cambiado Internet la vida de los niños?
Actualmente estamos más conectados que nunca y esto indudablemente ha afectado a los más pequeños. Los cambios han sido drásticos y, sobretodo, rápidos. De acuerdo a un estudio realizado por Common Sense Media en Estados Unidos, en 2011 solamente un 52% de los hogares con niños menores de 8 años contaban con un dispositivo móvil, en 2017 la cifra aumentó a un 98%. Este mismo estudio descubrió que el tiempo que pasan los niños viendo dispositivos móviles se ha triplicado desde el 2013.
“Aunque en general el consumo de medios es aproximadamente el mismo que en años pasados, cómo los niños están consumiendo los medios se ha desplazado considerablemente: El tiempo promedio que pasan los niños en dispositivos móviles a diario se ha triplicado (de nuevo), pasando de 5 minutos por día en 2011 a 15 minutos en 2013 a 48 minutos en 2017.”
Los teléfonos inteligentes y dispositivos móviles se han vuelto cada vez más comunes y esto también se ha visto reflejado en los niños. En 2011 menos del 1% de niños menores de 8 años tenían su propia tablet, para 2017 la cifra ya había aumentado a 42% (The Common Sense Census). Con estas cifras nos queda claro que los niños pasan cada vez más tiempo en línea, pero ¿qué efectos puede tener esto en su desarrollo físico, psicológico y social?
Los expertos han comenzado a estudiar este fenómeno y aunque las conclusiones aun no son definitivas, sí se han hecho varios descubrimientos importantes. Dentro de los problemas físicos, la obesidad es la principal preocupación. De acuerdo a datos de la Organización Mundial de la Salud, en 2017 había 124 millones de niños con obesidad en el mundo. Aunque hay muchos factores que debemos considerar al hablar de este padecimiento, la gran cantidad de tiempo que los niños pasan sentados frente a pantallas, sin realizar actividad física, definitivamente puede ser un factor que contribuya al sobrepeso.
En el aspecto psicológico, el uso de Internet puede exponer a los niños a contenido altamente violento y pornográfico, lo cual con el tiempo puede generar una desensibilización hacia estos actos violentos. Las tan populares redes sociales también pueden tener un impacto negativo en el desarrollo emocional y social de los niños. Aunque algunas redes sociales cuentan con restricciones de edad, muchos niños siguen utilizando estas plataformas. En 2011 Consumer Reports informó que más de 7.5 millones de niños americanos menores de 13 años tenían una cuenta de Facebook.
Al no contar con una madurez emocional y con un concepto claro de la privacidad, muchos niños pueden compartir imágenes o videos en sus redes sociales de los que pueden arrepentirse en un futuro. En las redes sociales los niños también pueden convertirse en víctimas de cyberbullying, lo cual les puede provocar ansiedad y depresión, y en casos extremos puede llevarlos hasta el suicidio. En una investigación presentada en el Encuentro de Sociedades Académicas Pediátricas de 2017 se reveló que el número de niños hospitalizados por intentos de suicidio o pensamientos suicidas se había duplicado entre los años 2008 y 2015.
Ante este complicado panorama, ¿qué pueden hacer los padres para proteger a sus hijos de las amenazas del mundo digital? Prohibir el uso de Internet y dispositivos móviles a los niños no es una solución realista, pero sí es posible restringir y monitorear la actividad online de los niños a través de herramientas de control parental. Estas herramientas se pueden instalar en dispositivos móviles o computadoras de escritorio y permiten a los padres bloquear contenido inapropiado, limitar el tiempo de uso de dispositivos, monitorear la actividad del niño y hasta pueden ayudar a detectar comportamiento inapropiado para prevenir riesgos más fuertes, como el cyberbullying.
Algunas de las herramientas de control parental más populares actualmente son:
Qustodio: Esta aplicación cuenta con filtros inteligentes que bloquean contenido inapropiado, permite controlar el tiempo de conexión de los niños, bloquea juegos y aplicaciones, controla llamadas y mensajes y sigue la ubicación del niño. Qustodio funciona con Windows, Mac, Android, iOS, Kindle y Nook.
Secure Kids: Esta aplicación cuenta con supervisión de aplicaciones, botón de emergencias, configuración remota, geolocalización, monitorización de llamadas, gestión de páginas web y configuración de alarmas. Secure Kids está disponible para dispositivos Android.
Eset Parental Control: Esta aplicación para Android cuenta con las funciones de control de aplicaciones, límites de tiempo, control web, localizador de niños, portal parental y envío de mensajes a los padres.
Controles parentales iOS: Los dispositivos iOS ofrecen un sistema integrado de controles parentales que pueden ser configurados para impedir el acceso a contenido explícito o con calificaciones concretas, impedir el acceso a sitios web, desactivar aplicaciones, al igual que restringir las funciones de ciertas aplicaciones.
Conclusión
Los avances tecnológicos de la Era Digital representan un nuevo reto para padres y tutores que deben educar a niños en una sociedad altamente dependiente de Internet. Como lo han mostrado las encuestas y estudios, los niños tienen cada vez más acceso a teléfonos inteligentes y dispositivos móviles con los cuales están expuestos a un mundo de peligros potenciales en la web. Las aplicaciones de control parental son una buena forma de disminuir los riegos, más no de eliminarlos por completo; además de usar estas herramientas los padres deben recordar la importancia de mantener una buena comunicación con sus hijos para así poder detectar a tiempo cualquier situación de riesgo. Si bien es cierto que los niños de ahora están creciendo en condiciones totalmente diferentes a las de generaciones pasadas, tenemos que hacer todo lo posible por darles una infancia que no sea sólo digital.