El biohacking es una de las tendencias más famosas y polémicas del transhumanismo. ¿Qué es y qué propone?
Por Rodrigo López
A lo largo de la historia el ser humano ha demostrado ser capaz de superar sus propias limitaciones -tanto físicas como mentales- con la finalidad de lograr un fin deseado. Desde la construcción de las pirámides de Egipto hasta el reciente descubrimiento de la cura del virus de inmunodeficiencia humana (VIH) la carrera individual por destacar en un ámbito importante, por dejar una huella imborrable, por encontrar el valor de la trascendencia se vive día con día. El concepto que hoy nos atañe y que buscará generar una cierta catarsis en el lector es precisamente el de la trascendencia.
¿Qué es la trascendencia? Se define como la acción de atravesar un límite para lograr la superioridad, y en la actualidad encontró la coyuntura perfecta con la tecnología de punta para fundar un movimiento cultural conocido como transhumanismo. Este último es conocido por el despectivo “radicalismo” adjudicado por la sociedad para sus adeptos quienes buscan la trasformación y mejora del cuerpo humano mediante el uso de diferentes tecnologías que sumen nuevas capacidades a las que ya poseen por sí mismos.
Una de las tendencias en el ámbito científico del afamado movimiento se denomina Biohacking, debido al referente de un informático que puede hackear un sistema electrónico para añadirle funciones para las cuales no está expresamente diseñado, y deriva en una trifurcación: la modificación del cuerpo mediante tecnologías biomédicas, mediante el uso de la evidencia empírica para llevar a cabo pequeñas pero efectivas acciones y la edición por ingeniería genética.
Las tecnologías biomédicas y el emprendimiento social han sido factores clave del polémico éxito del Biohacking. La empresa española DIYBIO afirma que es menester sacar la ciencia de los grandes centros de investigación de la Big Pharma, llevarla al garaje y empezar a pensar en nuevas formas de usarla; sin embargo, el hecho de vender kits de ingeniería genética para ser usados en el hogar por personas sin ningún tipo de capacitación ni conocimiento científico generó negativas en la comunidad, y por supuesto no le cayó nada en gracia a las comisiones y secretarías de salud pública.
Uno de los pioneros del Biohacking fue Aaron Traywick, fundador de la empresa Ascendance Biomedical, quien defendía el movimiento a capa y espada y proveía en Estados Unidos estos kits de ingeniería genética para ensayos clínicos caseros. Con el fin de demostrar su seguridad, Traywick se inyectó en público un tratamiento génico experimental con el virus del herpes que había desarrollado su empresa. A los pocos meses fue encontrado muerto en un tanque de hidroterapia por “ahogamiento accidental”. ¿Habrá sido coincidencia?
Por otro lado está Dana Lewis y John Costik, padres de familia que se convirtieron en biohackers gracias a la invención Costik. Este último desarrolló, y después vendió, una aplicación para monitorear los niveles de glucosa en la sangre de su hijo diabético. Lewis convirtió en cliente de Costik y compró su aplicación dado que su hijo padecía el mismo problema. La diferencia fue que ella logró acoplar la aplicación a la bomba de insulina de su hijo, desarrollando un sistema automatizado que le inyectaba insulina siempre que sus niveles de azúcar se encontraban altos.
En esta entrada se han mencionado un par de ventajas del biohacking, por lo tanto es también necesario hablar de sus desventajas. Desde fallas en el proceso de ingeniería genética por la falta de conocimiento técnico hasta la entrega de un mensaje de automedicación y malas prácticas, las desventajas se presentan con mayor denominación.
Desde la tribuna del lector parecería ridículo optar por la modificación genética personalizada a sabiendas de que existen pocas regulaciones de la misma y, por ende, el riesgo es mayor; sin embargo hay personas que recurren a la misma ya que es su única alternativa. Es aquí donde la pregunta “¿realmente vale la pena?” cobra relevancia. El cambio es la principal ley de la vida y el futuro nos obliga a optar por él o “morir”. No obstante el hecho de que una tecnología se ponga de moda no significa que debamos poner en riesgo nuestra salud.
El segundo camino de la trifurcación del transhumanismo corresponde al uso de la evidencia empírica, es decir, el aprendizaje basado en la experiencia obtenida de la realización de un experimento. Este se considera el método más seguro ya que consiste primordialmente en la adopción de hábitos saludables para mejorar nuestra vida sin necesidad de técnicas invasivas. Al fin y al cabo, cualquier persona que se preocupe por su salud, que tenga curiosidad, la mente abierta y que no tenga miedo de probar experimentos nuevos e ir a contracorriente de la sociedad puede ser un biohacker (Dénoyers, 2017). Para ser considerados biohackers es necesario que sigamos el siguiente ciclo:
Algunas de las actividades que deberán ser modificadas corresponden a la alimentación (comer vegetales frescos), el ejercicio (alternar entre ejercicio de bajo y alto impacto), el sueño (ajustar los ritmos circadianos), el agua que bebamos (2 litros de agua al día), el contacto que tengamos con el sol, la tierra y campos electromagnéticos (pisar el suelo descalzos, abrazar un árbol, permanecer 10 minutos bajo el sol). En general, los biohackers tienen como objetivo llevar una vida lo más fisiológica posible, respetuosa de nuestra evolución natural. Esta vida, junto con el uso adecuado de recursos tecnológicos y científicos puede ayudarnos a mejorar su misma calidad.
La tercer, última y más polémica alternativa corresponde a la de la modificación genética. ¿El lector podría creer que una enfermedad tan complicada como el cáncer se podría desarrollar por un error en la conformación en el ADN? ¡Pues ya no más! Las técnicas de arreglos del ADN han encabezado la competencia de investigación como las más prometedoras en el corto plazo.
Antes de proseguir es importante que el lector esté al tanto del dogma de la biología molecular, el cual reza que el ADN contenido en cada una de nuestras células se replica y se convierte también en ARN, el cual sirve de plantilla para convertirse en una proteína. Este proceso sencillo toma algunos minutos y se realiza millones de veces durante nuestra vida, por lo que no está exento de cometer errores.
Afortunadamente, hoy contamos con la herramienta CRISPR-CAS9, obra maestra de la ingeniería genética. Esta consiste en el diseño de un ARN guía (Véase como una pieza de rompecabezas que buscará embonar con su respectiva parte) fusionado con un complejo de enzimas llamado CAS9, encargado de cortar y secuencias de ADN. Este compuesto se inserta en la célula destino, una vez dentro reconoce el sitio exacto del genoma donde la enzima deberá cortar y pegar el nuevo segmento de ADN con la corrección previamente elaborada.
De primera mano podrían venir a la mente modificaciones como la erradicación de enfermedades de origen genético o hasta el color de nuestra piel y ojos. Con esta tecnología es fácil pensar en remover un segmento de nuestro genoma para insertar otro que sea capaz de producir cosas nuevas; sin embargo, esto conlleva riesgos que deberían ser primero probados y aprobados.
Contrario a ser bien recibida, de primera mano, esta nueva tecnología abrió un extenso debate con tintes científicos, bioéticos, sociales y religiosos. Si los padres de la nueva generación decidieran modificar genéticamente a sus hijos para moldearlos a su gusto se estaría optando por un “modelo” de ser humano, lo que significa la pérdida de diversidad y la erradicación de enfermedades implícitas en el mismo sistema.
¿Estamos creando a un súper humano? Sin dejar de lado el hecho de que al reparar los errores del sistema génico se estaría prolongando la vida y al mismo tiempo superando la selección natural de Darwin. Esto implica claramente un gran avance científico que puede convertirse en una aberración llena de errores, en el peor de los casos, en la generación de seres perfectos sin enfermedades “programadas” capaces de doblar la esperanza de vida actual, sobrepoblando la tierra y terminando con los recursos existentes a una tasa acelerada, el cual tampoco es el mejor de los casos.
Los avances y descubrimientos de la ciencia moderna nos presentan un panorama donde se vislumbra el futuro en el horizonte, sin embargo, con la información ya presentada, el lector tendrá la capacidad de discernir sobre el rumbo de la ciencia y lo delgada que es la línea entre el progreso y el retroceso.
Referencias:
Alonso, L. (2018). La edición del genoma humano. Investigación y Ciencia. Obtenido de: https://www.investigacionyciencia.es/revistas/investigacion-y-ciencia/la-conquista-de-los-dinosaurios-740/la-edicin-del-genoma-humano-16517
Dénoyers, A. (2017). ¿Qué es el Biohacking? Obtenido de: https://episalud.com/que-es-el-biohacking/
Morán, A. (2016). ¿Qué es la tecnología CRISPR/CAS9 y cómo nos cambiará la vida? Obtenido de: https://www.dciencia.es/que-es-la-tecnologia-crispr-cas9/
[Imagen] Amsbio. (2013). CRISPR/Cas9 genome editing system. Obtenido de: http://www.amsbio.com/genome-editing-crispr-cas9.aspx
One comment
Manuel Trujillo Salomon
23/09/2019 at 14:35
Deja mucho a los grandes retos como los procesos de los organos del cuerpo humano con tan solo una pequeña falla y obtenemos una abominacion que podria ser un humano se sacrificaria antes de nacer o despues que moral aplicariamos o las consencuencias circunstanciales como en el hipotetico universo de la pelicula gattaca donde con exito logran humanos perfectos pero con el tiempo se accidentan y otros compran su identidad pero mas aun si en la elaboracion de procesadores de silicio que las copias no son iguales y los de mejor performance son los de gama alta y asi en descenso los de menos desempeño los de gama baja y los que no funcionan se destruyen para reutilizar los materiales que garantiza el exito acaso tendremos que usar fabricas para hacerlos pues con vientres subrogados pasaria como con las mujeres que prestaron vientre de la mitologia anunaki