¿Alguna vez te has preguntado cómo influye la tecnología en la creación de la música?
Por Manuel Godoy
¿Alguna vez te has preguntado cómo influye la tecnología en la creación de la música? Desde el fonógrafo, que permitió almacenar y reproducir en múltiples ocasiones una misma actuación, hasta los formatos digitales que permiten editar, cortar y mezclar una o varias piezas, la tecnología sido parte fundamental en el proceso de creación musical.
La música, al igual que cualquier otra creación humana, nace de la intención de expresar algo. Lo que separa la música de los sonidos aleatorios (ruido) es que esta requiere de cierta estructura, por mínima que sea. La música acomoda sonidos y silencios que son escuchados por un público. Fundamentalmente, la música es información.
David Byrne, fundador de la banda Talking Heads, y del sello discográfico Luaka Bop, propone en su libro How Music Works que toda obra creativa está determinada por el contexto de quien la compone (“Yo creo que inconsciente e instintivamente creamos obras que encajan en formatos previamente establecidos”). Byrne no busca demeritar la pasión o el instinto creativo, y en cambio busca recordarnos que aquello que conocemos y que tenemos a la mano determina cómo es que canalizamos este instinto (“consciente o inconscientemente creamos utilizando el medio que tenemos disponible”).
El primer ejemplo que utiliza Byrne es el club en donde su banda -los Talking Heads- tuvo sus primeras actuaciones. Las canciones eran compuestas para sonar bien en lugares como ese. Desde las catedrales en donde Bach ejecutaba su música y las cámaras en donde Mozart ejecutaba la suya, hasta las opciones que existen hoy en día (teatros, arenas, estadios, plazas públicas), el tamaño del recinto, sus cualidades sonoras y la separación (o cercanía) del artista y público influye en la música creada.
Naturalmente, una pieza grabada no sufre estas restricciones. Desde la popularización del radio y el fonógrafo, los artistas tienen que considerar que sus creaciones serán escuchadas en vivo y en formato pregrabado. Esto abre la oportunidad de que las obras musicales no estén atadas a los espacios en vivo. La oportunidad es mayor ahora que las tecnologías de grabación están tan extendidas, en comparación con la época en que la única manera de grabar música era rentando tiempo en un estudio de grabación.
La grabación y amplificación del sonido permitieron que surgieran nuevos estilos de interpretación. Los vozarrones ya no eran indispensables y fue posible componer música más sutil y más compleja, que pudiera ser escuchada en auditorios grandes, y múltiples veces más en la comodidad del hogar. Por otra parte, la radio también favoreció el surgimiento de piezas cortas y memorables, que fueran fácilmente recordadas por los radioescuchas, de tal manera que el abanico de opciones musicales creció.
Mark Katz, en su libro Capturing Sound. How Technology has changed Music, afirma que el tamaño de los discos de vinilo (de corta y larga duración) cambió los estilos de escritura musical. En el caso de los discos de corta duración (45 rpm), el límite de 4 minutos fue determinante en la duración promedio de las canciones de música popular. Por su parte, David Byrne pondera si la duración de 3 a 4 minutos es realmente tan natural como parece (tal es la duración de muchos sonetos de Shakespeare), o si la tecnología fue determinante para popularizar dicha duración, sin ofrecer una respuesta definitiva.
Otra consecuencia de la música grabada es algo que hoy en día damos por sentado, pero que solo ha existido unas pocas décadas. Es la posibilidad de conocer otras culturas, otras maneras de sentir, entender y expresar. Esto es particularmente importante en el caso de la música, ya que, nuevamente en palabras de David Byrne: “la música dice cosas sobre nosotros -sociales, psicológicas, físicas- acerca de como percibimos, a un nivel que otras formas de arte no pueden transmitir”. Quizá ese nivel de conexión con la música no aplica para todos, pero muchos podemos sentirnos identificados con esta opinión.
Aunque ahora nos parezca una tecnología anticuada, el uso de cintas surgió varias décadas después de la música grabada. Una vez que las cintas se pudieron utilizar para grabar con un nivel de fidelidad satisfactorio, también fue posible recortar partes indeseadas de una grabación, como un breve error en una toma o incluso la unión de partes de distintas tomas para crear la impresión de una “toma perfecta”. También fue posible grabar por separado los instrumentos y las voces, y duplicar la voz del cantante, para dar mayor profundidad vocal a las canciones.
Una innovación adicional fue el uso de cassettes. La facilidad de grabar y editar se extendió al público en general. No solamente se podían grabar mensajes o actuaciones personales, sino también música proveniente de la radio o del tocadiscos. Cualquier persona podía grabar una selección de canciones en el orden deseado, lo que dio origen al mixtape, el cual podía ser hecho para uno mismo, pero principalmente fue un medio para compartir la experiencia musical con otras personas. Una nueva forma de expresión.
La digitalización fue el siguiente paso en esta larga lista de avances. Esta tecnología tuvo sus orígenes en 1962, en los Laboratorios Bell, dedicados a la industria de la Telefonía. Esta digitalización permitió “cortar” las ondas sonoras en bits (esta tecnología es conocida como muestreo, o sampling en inglés). De tal manera que ya no era necesario reproducir las ondas sonoras completas, y en su lugar lo que viajaba por los cables eran aproximaciones digitales, representadas en ceros y unos.
Como ocurre con todas las tecnologías, en sus inicios la digitalización era muy costosa y los sonidos se grababan con baja fidelidad. Conforme los métodos de muestreo fueron avanzando, la digitalización comenzó a ser utilizada en los estudios de grabación. El poder capturar el sonido en archivos digitales abrió la puerta para manipular los sonidos como nunca antes se había hecho, lo que dio origen a las grabaciones con loops y samplers, tan comunes hoy en día.
Conforme la tecnología mejora y se vuelve menos costosa, es adoptada por un mayor número de personas. Eventualmente, con el avance de las computadoras personales, fue posible poder crear y remezclar sonidos mediante el uso de software, de manera análoga al Photoshop y sus capacidades gráficas. Ahora cualquier persona con acceso a una computadora puede descargar un programa y comenzar a experimentar. Inevitablemente, las opciones del programa, de edición e incluso el acomodo de los menús en su interfaz gráfica podrían influir en el resultado final de la música creada.
David Byrne comenta que las composiciones creadas con ayuda de software suelen tener ritmos repetitivos en donde el tempo no varía. Esta regularidad facilita el proceso de edición ya que es más fácil copiar y pegar fragmentos si el ritmo siempre es constante. Para evitar que el resultado final suene muy mecánico, Byrne cuenta que a menudo tiene que interpretar por su cuenta la pieza musical, sin apoyo de las grabaciones hechas en software. Esto le permite hacer ajustes en ciertos puntos específicos en donde siente que una nota prolongada o alguna otra inflexión le aporta mayor carácter a la composición.
Si recapitulamos todas las innovaciones presentadas en este artículo veremos que ninguna de estas tecnologías nació con la intención expresa de apoyar el proceso de creación musical. La investigación que hizo posible este desarrollo estuvo motivada en primera instancia por la industria de las telecomunicaciones (en el caso de la digitalización de las señales telefónicas y el uso de software) o la necesidad de almacenar información hablada (el fonógrafo, las cintas). Sin embargo, una vez que estas necesidades prácticas fueron resueltas, fue inevitable que otros usos más artísticos siguieran, para beneficio de todos nosotros.
Referencias.
- Byrne, David. (2012). How Music Works. (1a Ed). McSweeneys Books.
- Katz, Mark. (2010). Capturing Sound. How Technology has changed Music. (Rev. Ed). University of California Press